As in an ancient procession,
as if someone were saying it is freezing outside,
a herd of buffalo has taken shelter
inside our everyday silence.
Like kids trapped in a flat
they sniff for a track,
something that will relieve boredom.
An exhausted buffalo drops to the carpet.
Is it his fate to die like that,
instead of letting himself be led one night
across the snow-covered plain?
Resting you look like a sick animal-
not hurt, not harassed by a huntsman,
but sick.
Is this the way animals die-
deceived, like us, amidst the landscape's quietness?
Traducción Laura Chalar
miércoles 4 de junio de 2008
domingo 1 de junio de 2008
Pájaros en la cabeza

Lindísima! La revista Versal, del colectivo internacional Wordsinhere, donde se incluyó la versión de un poema mío en inglés. Gracias Laura Chalar, la traductora, poeta y mensajera de tamaña buena noticia. Aquí la tapa, mañana (o pasado, no quiero incurrir nuevamente en falsas promesas) el poema.
sábado 24 de mayo de 2008
¿Qué más?
viernes 23 hrs.: La cámara enfoca hasta el hartazgo el cuerpo de una vedette uruguaya. Se hace un paneo por la cola. El pecho. El conductor corta un pedacito de tela y la mujer queda en un cola less. En eso el conductor dice que, la mujer, además -¿además de qué?- canta. Hasta este momento la mujer está de pie al lado del conductor sin hacer otra cosa más que mostrarse. Está ahí, simplemente. Sin ropa, casi. Pero está ahí y el camarógrafo, los editores, el equipo del programa se encargan de que la mujer esté lo más presente posible. Ella es el cuerpo que, de pie, espera algo. El conductor le alcanza el micrófono y, entonces, ahí sí, la mujer empieza a hacer algo: canta. Y para cantar gesticula, mueve las manos, su mirada cambia, interpreta. Y lo hace bien. Entonces pasa a primer plano otra persona que no es ella: el camarógrafo. Está desorientado. No sabe qué mostrar. Porque si la mujer canta –es decir si hace algo, algo más que bailar, ejercicio que el camarógrafo está acostumbrado a seguir: mientras más cola y más tetas, mejor- el hombre que maneja la cámara, ahí, rápido, tiene que decidir. ¿Qué mostrar? ¿La mujer interpretando, es decir haciendo algo más que mostrar el cuerpo, o la mujer como si no estuviese haciendo nada más que estar, su cuerpo hecho pedazos, siliconado, expuesto a cirugías, a anestesias, embadurnado, fajado en un corpiño que no resistiría sin explotar ni el paso de baile más sutil? Continuar mostrando sólo el cuerpo sería como descalificarla, subestimarla.... pero por otro lado hay algo ridículo en el hecho de intentar hacer algo más vestida de esa manera. Y el camarógrafo lo sabe. Porque es imposible abstraerse al cuerpo, así en primer plano. Entonces va y viene, intermitente, de la cara a la cola, de la cola a las tetas, de ahí a la bikini, y de nuevo a la cara. Rápidamente empieza el tema del baile. En cuestión de segundos la mujer queda con los pezones al aire (frase que el jurado repetirá también hasta el hartazgo), continúa bailando, el conductor simula un infarto y todo sigue como si nada hubiese pasado. La mujer se va, se lleva su cuerpo, saluda a la platea, se abre el decorado y sale otra mujer, ¿el mismo cuerpo?, a ocupar su lugar.
Carolina Esses
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martes 20 de mayo de 2008
Con los pies lejos del piso
Necesito tener los pies un poco por encima del suelo. Y no es que la ficción o la poesía tengan ése efecto pero sí pienso que el periodismo tiene el efecto contrario. Y para acompañar el poema tendría que encontrar una foto del año 2002 donde una nena -Azul- moja los pies en el agua cristalina y helada de un lago. Con las rocas de fondo. No tengo a mano esa foto. Así que apelo a la imaginación de cada cual. No faltará quien logre visualizar lo que hoy no puedo: una playa coloreada por el sol, repleta de plantas exóticas y una arena fina, blanca.
Aquí va un poema que Irene Gruss leyó en la presentación de su obra reunida: La mitad de la verdad editada por Bajo la luna.
MUJER IRRESUELTA
Yo quisiera, como Gaughin, largar todo e irme,
dejar mi familia, la no tan sólida
posición
e irme a escribir a alguna isla
más solidaria.
Esa tranquilidad de Gaughin,
permanecer en una isla
tan calurosa, donde las mujeres
escupen resignadas
carozos de fruta silvestre.
Irene Gruss
jueves 15 de mayo de 2008
Mi bisabuela Gracia, casamentera
Caras y Caretas de mayo
por Carolina Esses
Entre la Buenos Aires de los años treinta y la ciudad de Alepo había mil diferencias. Quizás por eso, para que no fuesen tantas, fue que al llegar de Siria, Gracia continuó ejerciendo su oficio. Recorría los barrios. Se detenía en los negocios, en las casas de familia, en las tiendas donde sabía podía estar ese codiciado soltero judío ideal para la hija del sastre, tan linda, tan bien criada. O al revés. Buscaba a la hija del profesor que aunque todavía jovencísima podría ser la compañera perfecta para el hijo mayor del dueño de la hilandería. Gracia, era Gracia Esses. Su apellido nos delata a ambas: bisabuela y bisnieta. Y la historia es de esas que abundan en las familias de la colectividad. Gracia era una shadjente. Una casamentera judía.
“Hasta una o dos generaciones atrás muchos casamientos se arreglaban –cuenta Paul Armony, de 75 años un hombre muy activo en la colectividad judía- Lo hacían los padres entre sí desde que los chicos eran muy jovencitos. Doce, trece años. Y muchas veces recurrían a los servicios de la shadjente. Ella recibía el pedido de los padres de las chicas que eran los que pagaban.” Apenas cobraban un anticipo comenzaba el desfile de candidatos. Según los estudiosos la palabra original es hebrea, shiduj, y viene de un verbo que significa “hacer enamorar” o cortejar. El origen del oficio se remonta a la Edad Media cuando las parejas se formaban gracias a la tarea de un intermediario. Con el tiempo se profesionalizó y se convirtió en un modo de ganarse la vida. Gracia, por ejemplo, tenía sus artimañas. Aunque no siempre saliera ganando. Como aquella vez que un hombre no quiso pagarle –ni hablar de casarse- cuando corroboró que la mujer que entraba al templo no se parecía en nada a la de la foto que Gracia le había mostrado. O la parejita que en lugar de respetar los tiempos y la ceremonia en el templo se escapó haciendo un “paga Dios.”
Según Armony como la mafia judía se dedicó a la trata de blancas, muchas veces se recurría a la shadjente para corroborar el buen nombre de la novia, para saber a ciencia cierta que no había sido víctima de nada turbio. Tenían un sistema de información siempre actualizado que no era más que el boca a boca. Sabían a la perfección cuántas chicas judías solteras había en la cuadra y según sus atributos –y su dote- a qué tipo de soltero podían aspirar. Así, estas eternas madres judías se encargaban, no sólo de alimentar a sus hijos sino de proteger, a través de matrimonios endogámicos, el legado cultural.
Hoy, a pesar de que los matrimonios mixtos son moneda corriente, basta con escribir shidaj en google para encontrar una larguísima lista de sitios para solos y solas de la cole. Algunos periódicos judíos también publicitan espacios donde una mujer “profesional, soltera, de 28 años y que respeta Kasher y Shabat” puede encontrarse con un hombre “profesional, de 32 años, soltero, brillante”. Sin embargo, en Villa Crespo todavía queda una shadjente tal cual era Gracia. Sara Kinderman. Amiga entrañable de Roberto Galán, Sarita tiene un código que respeta a rajatabla: “La persona que recurre a mí tiene que querer casarse, nada de vivir en pareja o pasar el rato. Si me doy cuenta de que buscan otra cosa, los despido inmediatamente”. Es que Sarita siente sobre sus hombros el peso y la responsabilidad de la tradición. “Soy una verdadera shadjente”, repite y aclara que por respeto a ella en la primera cita la pareja sólo debe conversar. Nada de contacto físico. Sarita no cobra un precio fijo. Tiene un platito sobre la mesa del comedor donde la gente le deja lo que puede. No importa si son diez, cincuenta o cien pesos. Lo verdaderamente importante es que dejen de estar solos.
Cuando me fui de lo de Sarita era viernes y ya había salido la primera estrella –signo del comienzo del día de descanso judío, el Shabat. Pero ella se encargó de aclarar que no descansa ni siquiera en Shabat. “Es cuando la gente más sola está”, dice, “ahora en un rato viene un médico que busca novia y mañana ya tengo citadas a dos personas más.” A veces la gente piensa que discrimina cuando se entera de que sólo casa a solteros de la cole. Pero ella no lo ve de ese modo: “Si todavía no casé a todos los judíos”, dice, “¿cómo me voy a ocupar de la gente de otras colectividades?”.
“Hasta una o dos generaciones atrás muchos casamientos se arreglaban –cuenta Paul Armony, de 75 años un hombre muy activo en la colectividad judía- Lo hacían los padres entre sí desde que los chicos eran muy jovencitos. Doce, trece años. Y muchas veces recurrían a los servicios de la shadjente. Ella recibía el pedido de los padres de las chicas que eran los que pagaban.” Apenas cobraban un anticipo comenzaba el desfile de candidatos. Según los estudiosos la palabra original es hebrea, shiduj, y viene de un verbo que significa “hacer enamorar” o cortejar. El origen del oficio se remonta a la Edad Media cuando las parejas se formaban gracias a la tarea de un intermediario. Con el tiempo se profesionalizó y se convirtió en un modo de ganarse la vida. Gracia, por ejemplo, tenía sus artimañas. Aunque no siempre saliera ganando. Como aquella vez que un hombre no quiso pagarle –ni hablar de casarse- cuando corroboró que la mujer que entraba al templo no se parecía en nada a la de la foto que Gracia le había mostrado. O la parejita que en lugar de respetar los tiempos y la ceremonia en el templo se escapó haciendo un “paga Dios.”
Según Armony como la mafia judía se dedicó a la trata de blancas, muchas veces se recurría a la shadjente para corroborar el buen nombre de la novia, para saber a ciencia cierta que no había sido víctima de nada turbio. Tenían un sistema de información siempre actualizado que no era más que el boca a boca. Sabían a la perfección cuántas chicas judías solteras había en la cuadra y según sus atributos –y su dote- a qué tipo de soltero podían aspirar. Así, estas eternas madres judías se encargaban, no sólo de alimentar a sus hijos sino de proteger, a través de matrimonios endogámicos, el legado cultural.
Hoy, a pesar de que los matrimonios mixtos son moneda corriente, basta con escribir shidaj en google para encontrar una larguísima lista de sitios para solos y solas de la cole. Algunos periódicos judíos también publicitan espacios donde una mujer “profesional, soltera, de 28 años y que respeta Kasher y Shabat” puede encontrarse con un hombre “profesional, de 32 años, soltero, brillante”. Sin embargo, en Villa Crespo todavía queda una shadjente tal cual era Gracia. Sara Kinderman. Amiga entrañable de Roberto Galán, Sarita tiene un código que respeta a rajatabla: “La persona que recurre a mí tiene que querer casarse, nada de vivir en pareja o pasar el rato. Si me doy cuenta de que buscan otra cosa, los despido inmediatamente”. Es que Sarita siente sobre sus hombros el peso y la responsabilidad de la tradición. “Soy una verdadera shadjente”, repite y aclara que por respeto a ella en la primera cita la pareja sólo debe conversar. Nada de contacto físico. Sarita no cobra un precio fijo. Tiene un platito sobre la mesa del comedor donde la gente le deja lo que puede. No importa si son diez, cincuenta o cien pesos. Lo verdaderamente importante es que dejen de estar solos.
Cuando me fui de lo de Sarita era viernes y ya había salido la primera estrella –signo del comienzo del día de descanso judío, el Shabat. Pero ella se encargó de aclarar que no descansa ni siquiera en Shabat. “Es cuando la gente más sola está”, dice, “ahora en un rato viene un médico que busca novia y mañana ya tengo citadas a dos personas más.” A veces la gente piensa que discrimina cuando se entera de que sólo casa a solteros de la cole. Pero ella no lo ve de ese modo: “Si todavía no casé a todos los judíos”, dice, “¿cómo me voy a ocupar de la gente de otras colectividades?”.
jueves 24 de abril de 2008
La celebración de la palabra escrita
Algunos años atrás para leer era necesario hacerse de un libro. Si el lector era de esos afortunados con biblioteca en su casa, bastaba con elegir alguno del estante. Las familias de clase media ahorraban para poder comprar una enciclopedia y responder a través de sus páginas las preguntas de los más chicos. No hace tanto: la generación que hoy tiene treinta y cinco puede dar cuenta de las visitas del vendedor de enciclopedias.
Si los libros no estaban al alcance de la mano se podía recurrir a parientes o amigos. La biblioteca pública se consultaba con regularidad. El libro se buscaba, se conseguía, se prestaba. Hoy, la imagen del lector con un libro entre las manos no es la única escena posible. En los más de 2. 700. 000 hogares registrados a nivel nacional, millones de personas leen reflejadas a través de una pantalla. Y otras tantas lo hacen en locutorios, oficinas, locales y sí, también, bibliotecas.
Entre los números que maneja la industria editorial y las estadísticas de lectura pareciera haber un desfasaje: en el 2006 se publicó un 12% más de novedades que en el 2005. El número de ejemplares impresos también aumentó en más de 13 millones. Sin embargo, en el mismo año, el 43% de las personas encuestadas a nivel nacional admitió no haber leído un solo libro. Quienes no leen apelan al aburrimiento y a la falta de tiempo. Quienes sí leen, lo hacen por placer o por la necesidad de formación. Sin embargo las estadísticas no ayudan a responder otra pregunta: ¿cómo se lee hoy?
Leer y escribir son ejercicios solidarios entre sí. La pregunta por cómo leer trae inmediatamente la cuestión de la escritura. Está claro que ni el aumento en la producción editorial ni la multiplicación de textos a través de la red pueden llevar a pensar en mejores escritos. Sin embargo ahí es donde se detiene el sociólogo Christian Ferrer cuando se trata de reflexionar sobre el tema: "Las tecnologías novedosas modifican el hábito de la lectura, pero no por eso se lee 'mejor', de la misma manera que la pluma de ganso o la máquina de escribir no producían mejores escritores que las computadoras".
La docilidad del teclado de la PC y la velocidad de corrección ayudan al escritor, pero a la hora de escribir –como a la hora de leer– la batalla es entre el sujeto y el lenguaje.
El artículo completo acá.
Si los libros no estaban al alcance de la mano se podía recurrir a parientes o amigos. La biblioteca pública se consultaba con regularidad. El libro se buscaba, se conseguía, se prestaba. Hoy, la imagen del lector con un libro entre las manos no es la única escena posible. En los más de 2. 700. 000 hogares registrados a nivel nacional, millones de personas leen reflejadas a través de una pantalla. Y otras tantas lo hacen en locutorios, oficinas, locales y sí, también, bibliotecas.
Entre los números que maneja la industria editorial y las estadísticas de lectura pareciera haber un desfasaje: en el 2006 se publicó un 12% más de novedades que en el 2005. El número de ejemplares impresos también aumentó en más de 13 millones. Sin embargo, en el mismo año, el 43% de las personas encuestadas a nivel nacional admitió no haber leído un solo libro. Quienes no leen apelan al aburrimiento y a la falta de tiempo. Quienes sí leen, lo hacen por placer o por la necesidad de formación. Sin embargo las estadísticas no ayudan a responder otra pregunta: ¿cómo se lee hoy?
Leer y escribir son ejercicios solidarios entre sí. La pregunta por cómo leer trae inmediatamente la cuestión de la escritura. Está claro que ni el aumento en la producción editorial ni la multiplicación de textos a través de la red pueden llevar a pensar en mejores escritos. Sin embargo ahí es donde se detiene el sociólogo Christian Ferrer cuando se trata de reflexionar sobre el tema: "Las tecnologías novedosas modifican el hábito de la lectura, pero no por eso se lee 'mejor', de la misma manera que la pluma de ganso o la máquina de escribir no producían mejores escritores que las computadoras".
La docilidad del teclado de la PC y la velocidad de corrección ayudan al escritor, pero a la hora de escribir –como a la hora de leer– la batalla es entre el sujeto y el lenguaje.
El artículo completo acá.
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domingo 30 de marzo de 2008
Promesas rotas
En breve continúa la posteada de poemas.
Hijo, casa y trabajo no me dejan margen últimamente.
Ah, y no tener internet en el laburo.
Hijo, casa y trabajo no me dejan margen últimamente.
Ah, y no tener internet en el laburo.
martes 25 de marzo de 2008
4-con correcciones
Quisimos permanecer en un paisaje apenas formado
Pensábamos que se podía estar
como un árbol en medio del agua: las ramas floridas
los frutos cayendo sobre la transparencia del agua
Éste es el paraíso de lo breve. Y aunque parezca
que el tiempo no transcurre
los objetos sucumben sin remedio
a su propio, extraño, deterioro.
Quisimos permanecer en un paisaje apenas formado
Pensábamos que se podía estar
como un árbol en medio del agua: las ramas floridas
los frutos cayendo sobre la transparencia del agua
Éste es el paraíso de lo breve. Y aunque parezca
que el tiempo no transcurre
los objetos sucumben sin remedio
a su propio, extraño, deterioro.
lunes 24 de marzo de 2008
4
Quisimos ser más jóvenes que un paisaje apenas formado.
Pensábamos que se podía estar como un árbol en medio
del agua: las ramas floridas, los frutos cayendo...
Este es el paraíso de lo breve.
Y aunque parezca que el tiempo no transcurre
los objetos caen sin remedio
en su propio extraño deterioro.
Quisimos ser más jóvenes que un paisaje apenas formado.
Pensábamos que se podía estar como un árbol en medio
del agua: las ramas floridas, los frutos cayendo...
Este es el paraíso de lo breve.
Y aunque parezca que el tiempo no transcurre
los objetos caen sin remedio
en su propio extraño deterioro.
domingo 23 de marzo de 2008
3
La luz de la tarde desdibuja los contornos
y no se distingue el fondo de la figura que lo atraviesa.
Voy como el ciervo
la piel encrespada, el andar sigiloso
busco confundirme con el color de las cosas,
no hay nadie alrededor mío
y la noche se demora como un insecto gigante
sobre el lomo de su presa.
La luz de la tarde desdibuja los contornos
y no se distingue el fondo de la figura que lo atraviesa.
Voy como el ciervo
la piel encrespada, el andar sigiloso
busco confundirme con el color de las cosas,
no hay nadie alrededor mío
y la noche se demora como un insecto gigante
sobre el lomo de su presa.
sábado 22 de marzo de 2008
2
Vuelvo a través de un camino empinado
subir y bajar forma parte de mi recorrido diario
sin embargo hoy me demoro por una calle plana
estoy casi en los barrios altos
la parte más pobre de la ciudad es la que brinda
la mejor panorámica, desde aquí se ven
el lago, los cerros
si estirara un poco la mirada podría ver
incluso mi casa.
Vuelvo a través de un camino empinado
subir y bajar forma parte de mi recorrido diario
sin embargo hoy me demoro por una calle plana
estoy casi en los barrios altos
la parte más pobre de la ciudad es la que brinda
la mejor panorámica, desde aquí se ven
el lago, los cerros
si estirara un poco la mirada podría ver
incluso mi casa.
viernes 21 de marzo de 2008
Un poema por día durante 10 días
1
Algunos días, como hoy, vengo sola al centro.
Busco el espacio vidriado de un locutorio
y me quedo unos minutos mirando la calle.
Una ciudad llena de turistas es todavía más extraña a la pena.
La parte invisible del mundo, pienso
no lo inmaterial sino lo concreto desaparecido
-un hombre, una mujer, vos-
debe estar en las páginas de esta guía telefónica
en la que busco tu nombre
y la dirección en la que solía ubicarte.
Algunos días, como hoy, vengo sola al centro.
Busco el espacio vidriado de un locutorio
y me quedo unos minutos mirando la calle.
Una ciudad llena de turistas es todavía más extraña a la pena.
La parte invisible del mundo, pienso
no lo inmaterial sino lo concreto desaparecido
-un hombre, una mujer, vos-
debe estar en las páginas de esta guía telefónica
en la que busco tu nombre
y la dirección en la que solía ubicarte.
viernes 7 de marzo de 2008
Se viene
la mujer con orejas de lobo. Un relato de última generación. Lo pensé ayer, en la Casa del Escritor (que llamaré hasta el cansancio Casa de la Poesía haste que me acostumbre), mi nuevo lugar de trabajo, inspirada por el fernet con cola.
Hoja borrador
Ser visible a medias. Dejarse ver pero no demasiado. Y no con ánimos de generar misterio. Sino más bien de estar apenas, levemente (Como dice el blog de B. Vignoli). ¿Es mejor que brillar? ¿Es otra manera de brillar? La multitud apabulla a los tímidos.
PD: ¿Hay alguien que lea completas las entradas de los blogs?
PD: ¿Hay alguien que lea completas las entradas de los blogs?
lunes 3 de marzo de 2008
Poema
UN HOMBRE SIEMPRE ES UN TIGRE hambriento, dijiste.
Hoy pondría en duda cualquiera de tus máximas
pero hace un tiempo te escuchaba y me parecías
cauto, sabio
un cazador adiestrado en observar a su presa.
Estar del lado del ciervo no siempre implica
elegir al más desvalido.
Quién sabe si su hambre es mayor o menor a la del tigre
si está lastimado
o si tendría el coraje, llegado el caso, de derribarlo.
A fin de cuentas ciertos paisajes
no son más que un camino de tierra,
una hilera de árboles, el aire
cargado de resina y en el callejón del bosque
un animal dando vueltas en su jaula.
Hoy pondría en duda cualquiera de tus máximas
pero hace un tiempo te escuchaba y me parecías
cauto, sabio
un cazador adiestrado en observar a su presa.
Estar del lado del ciervo no siempre implica
elegir al más desvalido.
Quién sabe si su hambre es mayor o menor a la del tigre
si está lastimado
o si tendría el coraje, llegado el caso, de derribarlo.
A fin de cuentas ciertos paisajes
no son más que un camino de tierra,
una hilera de árboles, el aire
cargado de resina y en el callejón del bosque
un animal dando vueltas en su jaula.
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Algo de lo mío
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